Me cruzo con corredores, caminantes, parejas, solitarios. Voy bordeando el mar para visitar las playas vecinas, una hora y media a paso firme. Increible camino con subidas y bajadas, a veces por escaleras, y todo tan espectacular y tan increiblemente cerca.
Admiro los bodies que me cruzan mientras intento no olvidar caminar por la izquierda para no ligarme alguna puteada en inglés, ya que por la derecha van y vienen los big man (... his bodies!!!). LLego hasta la última playa de esta zona: Coodge, donde almuerzo algo y pego la vuelta. En total casi cuatro horas de caminata. En algún momento, por la mitad del camino, atravieso un viejo cementerio, imenso y blanco, y pienso en sus muertos descansando bajo el sol, al borde del mar.








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