Llueve en Christchurch, a mares.
Escucho como golpea la lluvia contra la ventana de mi cuarto.
Es el único sonido, el de la lluvia y el murmullo de mi máquina resoplando cada tanto cuando recarga energías.
Es de noche, tarde para mí, aún muy temprano allá bien lejos.
Y en este silencio pienso en todo lo que develan las fotos, aquellas que capturan un instante, que atrapan una mirada, un gesto, unos ojos y la tristeza y la confusión que son como un grito desesperado para el que sabe de qué se trata. Esta noche, en la distancia, he visto algunas fotos.
lunes, 26 de octubre de 2009
domingo, 25 de octubre de 2009
A los pies de un glaciar
El camino, que empezo temprano hoy partiendo de Queenstown, me trajo hasta el Franz Josef Glacier que se derrama azul y milenario hasta desaparecer en el bosque humedo del Westland National Park.
Fue otro dia de contemplacion y de asombro. No puedo subir las fotos porque no estoy en mi compu, sino en una del hotel. Conectarme por las mias me sale carisimo.
El camino se va acortando y pronto vuelvo a casa...
sábado, 24 de octubre de 2009
mañana en Queenstown
Sábado por la mañana en Queenstown. Estoy en un café que se llama "Patagonia", atendido por un brasilero de Porto Alegre -Eduardo-, donde tienen Wi-Fi y no sé por dónde empezar.Estoy tomando un hot chocolate, aunque no hace demasiado frío afuera. Por momentos miro por la ventana y me encuentro con las montañas nevadas y pienso que estoy en nuestro sur. Hasta huele como allá. Pero esto es diferente. No quiero comparar, pero todo es más imponente, más grandioso y el cuidado con el que los kiwis (así se autollaman los neozelandeses) protegen su entorno es maravilloso.
Subo algunas fotos, aunque tengo miles. En la que está mi caripela, estoy almorzando en una villa alpina. La foto me la sacó un japonés (a montones, por todos lados, turisqueando). Las otras dos son desde un crucerito que recorre los fiordos desde un lugar que se llama Milford Sounds hasta la desembocadura del Pacífico. El día no pudo ser más espectacular, ninguna nube, realmente ninguna y strong sol.
miércoles, 21 de octubre de 2009
FELIZ CUMPLE VALE!!!!, y algunos escritos en este largo día....
El camino desde Wellington hacia la isla del sur es en Ferry. Mi destino final este día: Cristchurch, adonde llegaré a última hora de la tarde.En este momento son casi las ocho. Sol y frío en esta parte de Nueva Zelanda, y una hermosa bahía con sus barcos todavía dormidos al resguardo de las laderas y de las ventanas iluminadas de mañana.
Dentro del Ferry, el olor a café matiza la espera. Arriba, el sun deck, es casi una broma, pero allí estoy, atajándome en el sombrero para no volarme.
Escribo para compartir y lo hago en mi lengua aunque sea otra la que me rodea y otras las palabras que escucho hace algunos meses. Poco a poco, me reencuentro con mis sentimientos. Como cada noche, al liberar espacio en mi cámara de fotos, voy abriendo otra parte de mi corazón para dar lugar a bienvenidas experiencias, las que se adentrarán por mis ojos o quizás llegarán a través de los sonidos para recordarme otros días como el de hoy, vivido con gratitud; como se vive con intensidad plena -cuando se lo disfruta- el presente.
La llegada intermedia, con el ferry, es en Picton y la sorpresa de encontrar una pequeña ciudad increíblemente soleada, con sus palmeras y mar azul. Estoy aquí por una hora antes de tomar el tren Tranzcoastal que me llevará a Cristchurch. A medida que voy ganando sur, el paisaje se vuelve más grandioso, se acercan las montañas y alcanzo a ver las cimas nevadas; pero a mi alrededor todo es verde y como el día es de pleno sol, puedo deleitarme con los colores que imaginé ayer.
Ya estoy en el tren. Las vistas comienzan a ser espectaculares y van apilándose dentro de mi corazón. Dejo de escribir para poder contemplar. Y esta foto que me saqué en viaje, y mi imagen que apareció reflejada en la ventana sobre el verde de NZ.
Hoy como tantas otras veces, me vuelvo a preguntar qué estoy haciendo aquí, pero no es una pregunta que nace de la extrañeza o de la incomodidad; es más bien la búsqueda que se inició al comienzo de este viaje.
Me encuentro con mucha gente en el camino, básicamente backpackers que van en parejas o en grupos transmitiendo toda su energía, o me cruzo con gente mucho más grande, o por lo menos así me parecen a mí que sin el espejo delante me convenzo de que estoy más en el primer bando. Y de los más grandes rescato las ganas y la fuerza con que caminan curiosos, con sus zapatillas old fashion, también cargando sus mochilas en las que se animan a agregar más experiencias (y en eso, me parezco más a ellos, mechachis!).

A un costado del tren las montañas nevadas despuntando sobre las planicies verdes, por el otro lado, el Pacífico de color azul intenso reclamando su espacio sobre la costa. Y aquí, dentro del vagón, un túnel nos devuelve en las ventanas el reflejo de nuestras caras sorprendidas por la repentina oscuridad.
martes, 20 de octubre de 2009
WELLINGTON
Hoy el camino me fue llevando desde Rotorua en dirección al sur de esta parte del país, la isla del norte.
Mi stop es Wellington y la sorpresa de encontrarme con una ciudad tan diferente a Auckland y muchísimo más linda. Estoy aquí por pocas horas, pero intenté caminar lo más posible, poniéndole el cuerpo al frío que es intenso, tanto como el viento helado de nuestro sur.
Sin embargo, la ciudad es enérgica, vital e invitaba a recorrerla. Muchísimos lugares lindísimos para come o para tomar algo; edificios modernos pero también antiguos cuidados, protegidos; y la gente que parece tener una onda diferente.
El camino hacia aquí también fue increible, a pesar de que fueron pocos los momentos de sol y más los de tormenta.
Imagino que el color de la tierra debe ser de un verde intenso -no pude darme total cuenta hoy- pero si pude imaginarlo y también ver como se derramaba en incontables laderas con sus picos, sus mesetas, sus redondeces. No alcanzaba la vista para abarcarlos a todos. Cada tanto, un río correntoso y luego, la planicie para otra vez armarse el revuelo de los montes. Ovejas, vacas, algunos pueblos que aparecen ordenados, prolijos; algunos más grandes con su calle principal, la oficina de correos, la terminal de omnibus. Y sobre todo eso, las nubes que acompañan siempre, como en nuestro sur, hoy grises pero imponentes.
Mi stop es Wellington y la sorpresa de encontrarme con una ciudad tan diferente a Auckland y muchísimo más linda. Estoy aquí por pocas horas, pero intenté caminar lo más posible, poniéndole el cuerpo al frío que es intenso, tanto como el viento helado de nuestro sur.
Sin embargo, la ciudad es enérgica, vital e invitaba a recorrerla. Muchísimos lugares lindísimos para come o para tomar algo; edificios modernos pero también antiguos cuidados, protegidos; y la gente que parece tener una onda diferente.
El camino hacia aquí también fue increible, a pesar de que fueron pocos los momentos de sol y más los de tormenta.
Imagino que el color de la tierra debe ser de un verde intenso -no pude darme total cuenta hoy- pero si pude imaginarlo y también ver como se derramaba en incontables laderas con sus picos, sus mesetas, sus redondeces. No alcanzaba la vista para abarcarlos a todos. Cada tanto, un río correntoso y luego, la planicie para otra vez armarse el revuelo de los montes. Ovejas, vacas, algunos pueblos que aparecen ordenados, prolijos; algunos más grandes con su calle principal, la oficina de correos, la terminal de omnibus. Y sobre todo eso, las nubes que acompañan siempre, como en nuestro sur, hoy grises pero imponentes.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)











