sábado, 24 de octubre de 2009

mañana en Queenstown

Sábado por la mañana en Queenstown. Estoy en un café que se llama "Patagonia", atendido por un brasilero de Porto Alegre -Eduardo-, donde tienen Wi-Fi y no sé por dónde empezar.

Estoy tomando un hot chocolate, aunque no hace demasiado frío afuera. Por momentos miro por la ventana y me encuentro con las montañas nevadas y pienso que estoy en nuestro sur. Hasta huele como allá. Pero esto es diferente. No quiero comparar, pero todo es más imponente, más grandioso y el cuidado con el que los kiwis (así se autollaman los neozelandeses) protegen su entorno es maravilloso.
Subo algunas fotos, aunque tengo miles. En la que está mi caripela, estoy almorzando en una villa alpina. La foto me la sacó un japonés (a montones, por todos lados, turisqueando). Las otras dos son desde un crucerito que recorre los fiordos desde un lugar que se llama Milford Sounds hasta la desembocadura del Pacífico. El día no pudo ser más espectacular, ninguna nube, realmente ninguna y strong sol.
Tanto era que me subí a un avion, un planeador, y sobrevolé los glaciares. Mis fotos no son buenas, por suerte tengo un CD. pero subo alguna para que vean. Valió la pena, fue increible, incluida la foto que me autosaqué aunque sea horrorosa.

miércoles, 21 de octubre de 2009

FELIZ CUMPLE VALE!!!!, y algunos escritos en este largo día....

El camino desde Wellington hacia la isla del sur es en Ferry. Mi destino final este día: Cristchurch, adonde llegaré a última hora de la tarde.
En este momento son casi las ocho. Sol y frío en esta parte de Nueva Zelanda, y una hermosa bahía con sus barcos todavía dormidos al resguardo de las laderas y de las ventanas iluminadas de mañana.
Dentro del Ferry, el olor a café matiza la espera. Arriba, el sun deck, es casi una broma, pero allí estoy, atajándome en el sombrero para no volarme.
Escribo para compartir y lo hago en mi lengua aunque sea otra la que me rodea y otras las palabras que escucho hace algunos meses. Poco a poco, me reencuentro con mis sentimientos. Como cada noche, al liberar espacio en mi cámara de fotos, voy abriendo otra parte de mi corazón para dar lugar a bienvenidas experiencias, las que se adentrarán por mis ojos o quizás llegarán a través de los sonidos para recordarme otros días como el de hoy, vivido con gratitud; como se vive con intensidad plena -cuando se lo disfruta- el presente.


La llegada intermedia, con el ferry, es en Picton y la sorpresa de encontrar una pequeña ciudad increíblemente soleada, con sus palmeras y mar azul. Estoy aquí por una hora antes de tomar el tren Tranzcoastal que me llevará a Cristchurch. A medida que voy ganando sur, el paisaje se vuelve más grandioso, se acercan las montañas y alcanzo a ver las cimas nevadas; pero a mi alrededor todo es verde y como el día es de pleno sol, puedo deleitarme con los colores que imaginé ayer.


Ya estoy en el tren. Las vistas comienzan a ser espectaculares y van apilándose dentro de mi corazón. Dejo de escribir para poder contemplar. Y esta foto que me saqué en viaje, y mi imagen que apareció reflejada en la ventana sobre el verde de NZ.

Hoy como tantas otras veces, me vuelvo a preguntar qué estoy haciendo aquí, pero no es una pregunta que nace de la extrañeza o de la incomodidad; es más bien la búsqueda que se inició al comienzo de este viaje.
Me encuentro con mucha gente en el camino, básicamente backpackers que van en parejas o en grupos transmitiendo toda su energía, o me cruzo con gente mucho más grande, o por lo menos así me parecen a mí que sin el espejo delante me convenzo de que estoy más en el primer bando. Y de los más grandes rescato las ganas y la fuerza con que caminan curiosos, con sus zapatillas old fashion, también cargando sus mochilas en las que se animan a agregar más experiencias (y en eso, me parezco más a ellos, mechachis!).

A un costado del tren las montañas nevadas despuntando sobre las planicies verdes, por el otro lado, el Pacífico de color azul intenso reclamando su espacio sobre la costa. Y aquí, dentro del vagón, un túnel nos devuelve en las ventanas el reflejo de nuestras caras sorprendidas por la repentina oscuridad.

martes, 20 de octubre de 2009

WELLINGTON

Hoy el camino me fue llevando desde Rotorua en dirección al sur de esta parte del país, la isla del norte.
Mi stop es Wellington y la sorpresa de encontrarme con una ciudad tan diferente a Auckland y muchísimo más linda. Estoy aquí por pocas horas, pero intenté caminar lo más posible, poniéndole el cuerpo al frío que es intenso, tanto como el viento helado de nuestro sur.
Sin embargo, la ciudad es enérgica, vital e invitaba a recorrerla. Muchísimos lugares lindísimos para come o para tomar algo; edificios modernos pero también antiguos cuidados, protegidos; y la gente que parece tener una onda diferente.

El camino hacia aquí también fue increible, a pesar de que fueron pocos los momentos de sol y más los de tormenta.
Imagino que el color de la tierra debe ser de un verde intenso -no pude darme total cuenta hoy- pero si pude imaginarlo y también ver como se derramaba en incontables laderas con sus picos, sus mesetas, sus redondeces. No alcanzaba la vista para abarcarlos a todos. Cada tanto, un río correntoso y luego, la planicie para otra vez armarse el revuelo de los montes. Ovejas, vacas, algunos pueblos que aparecen ordenados, prolijos; algunos más grandes con su calle principal, la oficina de correos, la terminal de omnibus. Y sobre todo eso, las nubes que acompañan siempre, como en nuestro sur, hoy grises pero imponentes.






Solo algunas fotos... para que vean que el movimiento bajo la tierra no es un chiste, y otra con un maori haciendo monerias, poco serio..., y Rotorua desde la terraza del Museo, antes era el hospital donde se hacían las curas de barro.



lunes, 19 de octubre de 2009

NUEVA ZELANDA

Lunes por la noche, Rotorua; una ciudad con resonancias brasileras, enclavada en medio del camino hacia el sur del país. Estoy en el centro cultural Maori y en una de los lugares con mayor actividad geotermal de toda la región: geysers, aguas calientes, piletas de barro, terrazas de azufre. Este sitio era famoso en el siglo 19 para curas termales hasta que la explosión del Mt. Tarawera en 1886 destruyó las famosas terrazas naturales que funcionaban como verdaderos spas para los miles de visitantes de todo el mundo.
La naturaleza continuó su camino, la villa se recobró y hoy se pude seguir disfrutando de las piletas termales. Estuve en uno de los spa, flotando al aire libre pero en agua caliente (35º y algunas bastante más).
Hice todo lo que pude en estos dos días: estar en una villa Maori -bien for export, por supuesto, pero valió la pena e incluyó una cena con música, danzas y cosas para aprender y seguir aprendiendo; visité un centro geotermal y me asombré porque luego descubrí que toda la ciudad está llena de pequeños geysers y por lo tanto, al caminar se ven columnitas de humo y se respira el poderoso azufre. El olor es fuerte y al principio da dolor de panza, pero finalmente uno se acostumbra... como todo en la vida.
Visité unas cuevas increibles The Waitomo Caves para poder ver las estalactitas y estalagmitas que con los años y gracias al trabajo del agua se han transformado en esculturas naturales; pero más que nada para poder descubrir lo que se conoce como las Glowworm Caves. Allí viven las Arachnocampa luminosa, que son minúsculas larvas que brillan como lucecitas de navidad en medio de la oscuridad. El recorrido se hace en un bote por un río sumergido en la profundidad de la cueva; son apenas cinco minutos, pero el silencio y la presencia luminosa de estos bichitos es maravillosa.
Visité la reserva de fauna y flora, donde con cuidado especial se encuentra el Kiwi, que no es una fruta, sino un increible pájaro -solitario y extraño como el que conté vi en Australia- y que como su familiar aussie también está en extinción. Se lo visita en pequeños grupos, con poca luz porque viven en semioscuridad. Apenas se lo distingue en medio de su habitat y en la penumbra, pero ahí vive, protegido por el hombre, otra de las especies raras de este mundo (no el hombre, sino el pájaro, por favor).
Y finalmente estuve en una granja, viendo pelar (así no se dice, ¿esquilar?) ovejas, y etc. Me tocó darle mamunia a una ternerita, qué placer...
Bueno, mañana sigo hacia el sur, en este tour por momentos "bien tour" , pero que vale la pena para poder conocer todo. Sola me hubiera sentido muy sola, valga la redundancia como diría Sabina.
Ah, anoche regresando de la cena Maori, cada país arriba del bus (por suerte lleno de gente joven) pasó al frente a cantar algo. Todos entonaron sus himonos y yo, Argentina alone, me despaché con las cuatro lineas que por suerte me acordé de Mi Buenos Aires querido, cuando yo te vuelva a ver...

sábado, 17 de octubre de 2009







Hola gente, ya estoy en Auckland. La ciudad me esperó con sol y me sigue acompañando con calorcito. Tengo suerte. Mañana, domingo, me voy a una excursión de 9 días hacia el sur del país, que dicen es algo increible. Me divierte esta idea de dejarme llevar y no pensar en el cómo. Es un buen descanso para cerrar el viaje antes de regresar.
Hoy creo que voy de paseo con una amiga argentina que vive aquí hace muchos años y que conocí antes de viajar.
Acabo de chatear con mi hermanito menor (jajaja) y tengo en mi alma morriña, saudades, melancolía... Gracias otra vez, Edu, por la compartida.
Los neozelandeses son aún más relajados que los aussies. La ciudad no es guauuu, tiene partes muy lindas, pero es incomparable con respecto a Sydney. Ayer me subí a un barquito por hora y media y recorrí la bahía con sus barcos de todos los tamaños. (Las imágenes que mando son desde el barco). La gente es amigable, sigue lleno de asiáticos -como en Australia- y además del inglés, se ven escritos en caracteres chinos y en maorí.

En este viaje que empiezo mañana, me voy a poder poner más en contacto con la cultura y la idiosincracia de la gente. Las ciudades son siempre más mentirosas. Espero tener conexión para poder mantener mi blog.
Good weekend! ¡Qué bestia Maradona!








martes, 13 de octubre de 2009

TODAVIA

Mis ultimos dias en Australia supongo que van a ser sin fotos como cuando inicie el blog (y ademas sin acentos) porque los transito sin internet fija.
Las imagenes, no obstante, se siguen acumulando en mi maquinita y sobre todo en mi corazon, y cuando regrese tratare de compartirlas lo mejor que pueda.
Mientras tanto, hay que encontrar las palabras.
Tal vez, una de las que encierra mayor significado en este momento es sorpresa. Porque este viaje ha sido eso para mi, una continua y maravillosa experiencia de encuentros, de aprendizajes, de instropecciones y sobre todo, una profunda e increible sorpresa.
No me equivoque cuando decidi el hacia donde, y aqui estoy, todavia dando gracias; todavia disfrutando y amando. Como canta Baglietto: ...todavia y a Dios gracias, todavia!!