miércoles, 22 de julio de 2009
MUCH BETTER, MUCH BETTER...
Para ser mi segundo día de clase, mucho mejor, mucho mejor... O tal vez fue que tuvimos un profe, Dick Bird, y por alguna misteriosa razón se me encendieron las hormonas, ¡¡jejeje!!, y respondía enseguida a todas las preguntas.
martes, 21 de julio de 2009
CUANDO LO DECIDI, ESTABA LOCA
..., y además, lo pagué.
Eso pensaba esta mañana, sentadita en primera fila, en mi primer día de clase.
Porque el curso es intenso y en el break que tuvimos de diez minutos cuando salí como una adicta a buscar un café y vi el cielo tan azul y cuando sentí en el corazón el calorcito de este invierno-casi primavera que tienen por acá, me di cuenta que sí, que estaba loca. Fue entocnes que volví a clase con la sensación de que me iba a estallar la cabeza. Help, I`m exhausted!
Cuando terminamos, al mediodía, tomé uno de los buses que van hacia la ciudad y caminé, caminé, caminé hasta llegar a Darling Harbour. Es una gran bahía en la que de un lado y del otro hay restaurantes, cafés, lugares para sentarse al sol y mirar, por ejemplo, desde uno de los tantos puentes que van amarrando cada uno de los brazos en que se abre la ciudad, el centro financiero de Sydney, moderno, brillante y sobre todo armónico. Hay olorcito a mar, gaviotas, diseño y arquitectura en cada uno de los edificios.
Me tomé todo el tiempo del mundo para sentarme y darme cuenta de que sí, por fin estaba aquí y para acomodar también sobre la espalda la mochila con la compu, los libros que me dieron esta mañana en el curso, más un sweater, bufanda y abrigo que como una naba me puse bien temprano cuando salí del departamento.
Mi recorrido siguió por Chinatown, un barrio que nunca suele ser demasiado lindo ni demasiado pintoresco en todas las ciudades. No es original encontrar chinos aquí porque TODO Sydney está lleno de asiáticos. (En mi curso, de los 13 que somos en total, 11 son asiáticos).
Hoy ya siento que puedo andar por todos lados y me estoy ubicando. Y además, regreso con orgullo a mi casita; anoche me tomé el bus al revés y cuando me di cuenta terminé pidiendo ayuda en otro barrio.
I promise: ¡Mañana dejo todos los abrigos y salgo con la cámara de fotos!
Eso pensaba esta mañana, sentadita en primera fila, en mi primer día de clase.
Porque el curso es intenso y en el break que tuvimos de diez minutos cuando salí como una adicta a buscar un café y vi el cielo tan azul y cuando sentí en el corazón el calorcito de este invierno-casi primavera que tienen por acá, me di cuenta que sí, que estaba loca. Fue entocnes que volví a clase con la sensación de que me iba a estallar la cabeza. Help, I`m exhausted!
Cuando terminamos, al mediodía, tomé uno de los buses que van hacia la ciudad y caminé, caminé, caminé hasta llegar a Darling Harbour. Es una gran bahía en la que de un lado y del otro hay restaurantes, cafés, lugares para sentarse al sol y mirar, por ejemplo, desde uno de los tantos puentes que van amarrando cada uno de los brazos en que se abre la ciudad, el centro financiero de Sydney, moderno, brillante y sobre todo armónico. Hay olorcito a mar, gaviotas, diseño y arquitectura en cada uno de los edificios.
Me tomé todo el tiempo del mundo para sentarme y darme cuenta de que sí, por fin estaba aquí y para acomodar también sobre la espalda la mochila con la compu, los libros que me dieron esta mañana en el curso, más un sweater, bufanda y abrigo que como una naba me puse bien temprano cuando salí del departamento.
Mi recorrido siguió por Chinatown, un barrio que nunca suele ser demasiado lindo ni demasiado pintoresco en todas las ciudades. No es original encontrar chinos aquí porque TODO Sydney está lleno de asiáticos. (En mi curso, de los 13 que somos en total, 11 son asiáticos).
Hoy ya siento que puedo andar por todos lados y me estoy ubicando. Y además, regreso con orgullo a mi casita; anoche me tomé el bus al revés y cuando me di cuenta terminé pidiendo ayuda en otro barrio.
I promise: ¡Mañana dejo todos los abrigos y salgo con la cámara de fotos!
lunes, 20 de julio de 2009
Y PUEDO SER LA MADRE DE TODOS
Claro, la edad promedio del grupo es de 25. Entonces, cuando es tanta la diferencia, lo primero que se pierde son las inhibiciones...
Estoy rodeada de asiáticos: japoneses, coreanos, chicos, tailandeses; hay estudiantes de Europa
-aunque pocos-, de Arabia Saudita, y un mexicano; todos felices, todos con ganas de conversar, de aprender, interesados unos en los otros, mochilas al hombro, zapatillas y para el almuerzo: una banana, una manzana... y yo, que parezco estar más en el bando de los profesores.
SYDNEY IS BEAUTIFUL
No tengo otras palabras por ahora. El cielo azul y el sol de julio -cálido y brillante como suele ocurrir también en el invierno de casa- creo que la hizo aún más linda. Es una ciudad increible.
Estoy rodeada de asiáticos: japoneses, coreanos, chicos, tailandeses; hay estudiantes de Europa
-aunque pocos-, de Arabia Saudita, y un mexicano; todos felices, todos con ganas de conversar, de aprender, interesados unos en los otros, mochilas al hombro, zapatillas y para el almuerzo: una banana, una manzana... y yo, que parezco estar más en el bando de los profesores.
SYDNEY IS BEAUTIFUL
No tengo otras palabras por ahora. El cielo azul y el sol de julio -cálido y brillante como suele ocurrir también en el invierno de casa- creo que la hizo aún más linda. Es una ciudad increible.
domingo, 19 de julio de 2009
¿EN QUÉ MOMENTO DESAPARECIÓ EL SÁBADO?
Impresiones de un día que se fue:
1- Sobrevolando el Polo Sur
El día se prolonga con su luz libre de oscuridad. Por mi ventana veo morir el sol, pero enseguida su luz nos sorprende del otro lado del avión. Nos rodea la tierra blanca del Polo Sur, infinita, inmensa, perdida. Las nubes son su horizonte. Todo es blanco, excesivamente blanco, casi como mi corazón donde no se distinguen todavía otros colores.
2.- Me dijo (Yasunari Kawabata) "¿Me enviarías una carta también a mí, una mañana en que algún otro se embarque, cuando ya no seas su mujer?. No le pude contestar en ese momento.
1- Sobrevolando el Polo Sur
El día se prolonga con su luz libre de oscuridad. Por mi ventana veo morir el sol, pero enseguida su luz nos sorprende del otro lado del avión. Nos rodea la tierra blanca del Polo Sur, infinita, inmensa, perdida. Las nubes son su horizonte. Todo es blanco, excesivamente blanco, casi como mi corazón donde no se distinguen todavía otros colores.
2.- Me dijo (Yasunari Kawabata) "¿Me enviarías una carta también a mí, una mañana en que algún otro se embarque, cuando ya no seas su mujer?. No le pude contestar en ese momento.
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